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17 mar 2012

País inviable...

"Si yo me quedo acá me muero. Yo no estaré lejos de las personas que quiero; de aquí a un año yo vuelvo, sin importar que las cosas sigan igual allá"

Alfredo Molano, hablando de su exilio.
diecisiete de marzo de dos mil doce, ocho y treinta y cinco de la noche.
Por ventura de las Moiras acabo de ver un documental del exilio de Alfredo Molano. En Cortázar leí lo que representa un exilio: un crujir de dientes, desesperanza y abatimiento; pero una cosa es leerlo, y otra verlo en los ojos cansados y tristes de un ser humano...supongo que debe ser otra cosa vivirlo...no sé, escribo con calentura...pareciera que se agotan los puntos de fuga, los resquicios del omni-sistema...país de mierda, país de hijueputas...el infierno son los otros, la vida debe estar en otra parte.





27 sept 2011

Doxa emou

las cosas que entrañan dificultades valen la pena.

¡Estanislao Zuleta es el puto amo!

14 abr 2011

Lucas, sus desvaríos.

En las noches Lucas se lamenta. Justo a la hora en que uno se siente como más paila, Lucas piensa que todo se va para la mierda y que vive con el Cronopio tiempo prestado, que no merece, porque si algo le ha enseñado los días a Lucas es que acá se vino fue a comer mierda. Y entonces Lucas se siente pequeñito, como una esponja en el mar y siente miedo del día de mañana, del signo de interrogación que se dibuja en la carita del Cronopio; cuando eso pasa Lucas quiere volverse nido de pájaro para no sentir y no pensar o hebra de cabello que se queda quieta y no se preocupa, pero pues nada, el muy tonto se queda hasta que es bien de madrugada pensando, siendo como la esponja que el mar lleva a la deriva y queriendo como que si viene el dolor que pase rápido y que solo sea un ¡ay! Y ya, miembros dormidos, dolor que se va, cansancio de mis ojos.

Lucas está triste porque entró al partido cuando faltan 7 minutos y van perdiendo cinco a cero y echaron a dos jugadores y el árbitro está vendido al otro equipo. Todo se pone como en contra y toca ponerle el pecho, la cabeza, los tobillos, los codos y la panza a la adversidad.

Lucas quiere al Cronopio y no sabe nada más :S:(ewq

Lucas quiere que el Cronopio Bonito no se vaya, pero es tan inmaduro que de pronto lo deja ir, o de pronto splash cataplum todo se detona

Lucas se va a dormir con el espíritu compungido por la hora de la noche y el sabor de tu nuca.

Lucas, aterido animal.

9 abr 2011

Ítaca 454

(para vos, por supuesto, la Mujer-laberinto)

Búscame en el ocaso, en la esquina que franqueas con la tristeza y los pasos cansados;

Encuéntrame allí, donde los niños no sufren y el país no alimenta más sus fuegos fatuos.

Preciosa, en las pesadillas de la noche, en el frío de la madrugada mi sombra se queda con vos, atenta, como un perrito agazapado en la pata de la mesa.

Espérame en el cero y en el infinito, que yo te encontraré en la voz de arroyo del feo que canta y en el pasto que sube por la vieja carrilera del tren.

Así, compañera, cuando pasen los años, y los días hayan tranzado los destinos, siempre estaré con vos y vos acá, bien adentro, en el espacio comprendido entre la espalda y las infinitas muertes, porque esa esquina con su ángulo de noventa grados siempre va a estar ahí, y porque el pastico de la carrilera, aunque se marchite, estará esperando que el viejo tren pase resoplando.

Fauno, perplejo animal.

27 feb 2011

Sobre "carta a una señorita en parís" de Cortázar


"En cuanto a mí, del diez al once hay como un hueco insuperable." J. C.

Pasan, se apeltronan, se reduplimen. Los conejos, como los días, se multiplican horrorosamente, suben hasta el cuello, se asoman al desván; asaltan el día con sus saltos largos y precisos.
Se agazapan, muerde, husmean. Los conejitos graciosamente se extienden en la alfombra, sorprenden la biblioteca; acosan espaldas de parejas unidas por el tedio
Terminan por desbordarse, acaban vertiéndose en todos y ahogan con sus hedores. Ellos son quienes apuran el veneno de la copa, la bala que se aloja en la cabeza, la decisión de lanzarse por las azoteas: el último gesto del vencido.

Fauno, perplejo animal.

10 dic 2010

Repugnante 7 de Diciembre de 2010, 7:30 pm


El siempre vasto escenario de la estupidez humana me ha intrigado y repelido a lo largo de los años. Hace ya muchos meses, un par de años quizá, de manera tácita había renunciado a escribir sobre ello, sin embargo el espectáculo del que fui testigo hace tan solo un par de minutos mueve mis dedos y creo que me impele a decir algo.

Salgo, como es costumbre, a fumar mi cigarro de todas las noches y me estrello con las multitudes que por una insensata costumbre de la tradición adornan sus veredas y aceras con farolitos, conjurando acaso en una vela esa dolorosa y cruda realidad que aguarda afuera, expectante. Las calles, entonces, adquieren una curiosa mezcla entre el alumbrado prosaico de la luz eléctrica y la calidez que deviene de las velas. Miro las velitas, y miro las caras de quienes las encienden y noto que lo hacen por una rutina de años, por un mal hábito, de manera mecánica y exenta de cualquier significado. La música se desborda de casas con las puertas abiertas. Las letras de la música –noto– hablan de que las cosas acaso mejoren, y pienso que de golpe esa es la misma mierda que la “cultura” me vomitó de pequeño: promesas vanas que nunca se cumplen, añoraciones de felicidad en otro año que seguramente habrá de depararnos la misma miseria, o quizá un poco más. En otras casas las letras de canciones más modernas emanan su hedor igualmente pútrido y vacío, y los padres les señalan a sus hijos, cerveza en mano, la manera correcta de prender las velas para que se batan en duelo con el viento de la noche.

Este escenario no tendría nada de censurable, digo yo, si no hubiese cosas más urgentes y apremiantes a la vuelta de la esquina, en esa otra realidad de un país que sigue consumiendo y alimentando sus fuegos. Reconozco, entonces, que estos ciudadanos, mejor estos humanos, han elegido darle la espalda a lo urgente, y ven con regocijo solo lo que quieren ver y así las cosas celebran a trancas y mochas lo que no puede celebrarse, lo que no debe celebrarse.

Tengo para mí que una de las cosas que realmente nos da la condición de humanos es la empatía, como Observó el Poeta inglés John Donne: “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo del continente, una parte de la tierra, si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque estoy ligado a la humanidad; y por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti” . Pienso, releyendo las líneas de Donne, que el problema de Colombia es que casi nadie oye las campanas porque está demasiado ocupado tratando de hacer un imaginario de la felicidad para su propia vida, es decir, no las oyen porque están demasiado concentrados inventándose mentiras para creerse felices y, naturalmente, vomitándoselas y excretándoselas a sus hijos.

Este mes, como todos, no nos da nada por qué celebrar. El país se cae a pedazos menos por el invierno que por las pésimas administraciones gubernamentales, locales y nacionales que se han cagado en él durante años, seguimos mendigando la salud, y la educación sigue siendo ese gran privilegio reservado de las clases más altas. No digo que nos rasguemos las vestiduras y nos echemos ceniza en señal de duelo, a usanza de pueblos antiguos; lo que digo es que frente a una realidad nacional tan escalofriante, dramática y nauseabunda lo mejor sea acaso reservar un respetuoso silencio por aquellos que más sufren, un gesto de respeto, de empatía quizá más cristiano que una vela en una acera en medio de la noche.

Fauno, perplejo animal.

(epíteto cortesía de Vórtex)

13 sept 2010

Intento de algo 1

Hoy es siempre todavía

Machado.

Tengo todos los años[1].

Revivo las heridas de mis muertos,

De esos, mis antepasados, que agonizaron con las flechas y las biblias de los blancos.

Tengo todos los años,

Las infidelidades de mi padre

Los orgasmos obligatorios (¿fingidos?) de mis dos abuelas.

Soy el éxito de todos mis fracasos

De los siglos que son polvo,

Los horrores del instante,

Las desgracias y glorias del acaso.

Soy aquel que se ha muerto muchas veces

En una sola vida:

Las infinitas muertes de quien tiene todos los años.

Fauno.



[1] Este texto nace la tarde del 2 de julio de 2010, después de permanecer por varias horas bebiendo una taza de buen café frente a la plaza Botero en Medellín.